Centrales nucleares SÍ, centrales nucleares NO (parte 1)

INTRODUCCIÓN

Tengo que reconocer que nunca he sido un defensor convencido de la energía nuclear. Siempre he mirado las centrales con cierta desconfianza, quizá porque crecí escuchando más sobre sus riesgos que sobre sus beneficios. Pero el pasado mes de abril escuché un podcast de la BBC titulado “Chernobyl at 40: Is nuclear power back in fashion?” y, sinceramente, me despertó el interés de investigar un poco sobre el asunto.

 Aquel episodio planteaba cuestiones que jamás me había detenido a considerar: aspectos técnicos, históricos y operativos que ponen en entredicho parte de mis prejuicios. Me di cuenta de que mi opinión —en gran parte negativa— podía estar más influenciada por la percepción general que por un análisis propio. Así que decidí investigar por mi cuenta.

 Este artículo es el resultado de ese camino. No pretende ser un tratado técnico, sino un resumen claro y honesto de lo que he ido descubriendo. Y tengo que admitirlo: ahora miro la energía nuclear con otros ojos. Con más criterio, menos escepticismo y, sobre todo, con más información.

 Y como ocurre con ciertos temas complejos —y con algunas buenas historias— intentar abarcarlo todo de una sola vez sería injusto. Por eso he decidido dividir este trabajo en tres partes, como quien abre una pequeña trilogía personal sobre un asunto que merece ser recorrido con calma. Esta es la PARTE 1, el inicio del viaje: la que desmonta mitos, revisa percepciones y sienta las bases del debate.

En las próximas entregas avanzaremos hacia terrenos más profundos: la pérdida de capacidades cuando un país abandona la energía nuclear, el papel de la nuclear en el mix eléctrico y otros aspectos que completan el mapa.

 Te invito a empezar por aquí, sin prisas. Quizá, como me ha ocurrido a mí, descubras que este tema es menos oscuro de lo que parece cuando se mira desde lejos.

Por qué Chernóbil no representa el estándar de la industria nuclear

El accidente de Chernóbil suele citarse como el ejemplo definitivo de los riesgos de la energía nuclear. Sin embargo, utilizarlo como referencia para evaluar la seguridad de las centrales modernas es un error de base. El reactor que explotó el 26 de abril de 1986 —un RBMK‑1000 soviético— no se parece ni en diseño, ni en filosofía de seguridad, ni en cultura operativa a los reactores que se construyen y operan en el resto del mundo.

Puesto de control de la Unidad 1 de Chernóbil con paneles analógicos y sistemas de supervisión soviéticos
Imagen del puesto de control de la Unidad 1 de Chernóbil. Autor: Carl A. Willis. Sin cambios realizados. Licencia Creative Commons CC BY‑SA 3.0. Fuente: https://wikitravel.org/shared/File:ChNPP_Unit1control.JPG Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/

Los RBMK: un diseño con fallos estructurales

Los RBMK carecían de un elemento fundamental: una cúpula de  contención de hormigón capaz de evitar la liberación masiva de material radiactivo en caso de accidente. Esta ausencia no fue un descuido técnico, sino una decisión deliberada basada en la convicción de que un fallo catastrófico era “imposible”.

A ello se sumaban defectos estructurales que hoy serían inaceptables: un coeficiente de reactividad positivo que favorecía inestabilidades, sistemas de emergencia lentos y una arquitectura que permitía operar el reactor fuera de los márgenes seguros sin que los operadores fueran plenamente conscientes del riesgo.

Chernóbil como excepción, no como referencia

Chernóbil no representa el estándar de la industria nuclear, sino la excepción extrema. Los reactores actuales —incluidos los de tercera y cuarta generación — incorporan múltiples barreras físicas, redundancias, automatismos y protocolos diseñados precisamente para evitar que un accidente como el de 1986 pueda repetirse.

Tipos de accidentes nucleares

En divulgación seria se distinguen tres tipos de accidentes:

  • Accidentes de diseño (Chernóbil)
  • Accidentes de operación (Three Mile Island)
  • Accidentes provocados por catástrofes externas (Fukushima)

Chernóbil pertenece al primer grupo: un reactor con fallos estructurales profundos que no se parecen en nada a los reactores occidentales de la época ni, mucho menos, a los actuales.

El accidente de Chernóbil: secuencia de hechos

El accidente de Chernóbil es un ejemplo extremo de cómo una cadena de decisiones operativas incorrectas, sumadas a un diseño defectuoso del reactor, pueden desembocar en un accidente nuclear de nivel máximo.

El día 25 de abril de 1986, se pretendía realizar una prueba durante el turno diurno que buscaba comprobar el funcionamiento del nuevo sistema de regulación de voltaje. El turno diurno de operadores del reactor nº 4 fueron habían sido instruidos e informados sobre el procedimiento de la prueba y los acompañaban un equipo de ingenieros eléctricos.

  1. Objetivo de la prueba
    Comprobar si la inercia de la turbina podía mantener la alimentación eléctrica de los sistemas críticos durante los 60–75 segundos necesarios para que arrancaran los generadores diésel.
  2. Reducción de potencia según protocolo
    La reducción comenzó a la 01:06 del 25 de abril. Se reduco escalonadamente la potencia del reactor hasta el 50%, tal y como marcaba el protocolo de la prueba.
  3. Intervención del operador eléctrico de Kiev
    Debido a que otra central de generación cayo inexperadamente, el controlador de la red eléctrica de Kiev pidió a la central nuclear de Chernóbil mantener la producción, deteniendo la reducción de potencia.
  4. El director acepta retrasar la prueba

    El reactor nº 4 debía seguir generando en régimen de baja potencia. Ese retraso tuvo consecuencias gravísimas:

    • El turno diurno (experimentado) ya no estaba.
    • El turno nocturno (menos preparado) tuvo que ejecutar una prueba compleja.
  5. El reactor permanece 10 horas a baja potencia
    Se acumuló xenón‑135, un absorbente de neutrones que el personal no comprendía bien.
  6. El xenón reduce aún más la potencia
    La potencia cayó a 30 MW por el xenón y un error al insertar barras demasiado rápido.
  7. Retirada manual de barras y desactivación de sistemas de seguridad
    Violación grave del Reglamento de Seguridad Nuclear soviético.
  8. El botón AZ‑5 estaba inhabilitado
    El SCRAM automático estaba desactivado.
  9. El reactor operaba fuera de los márgenes de seguridad

    Solo quedaban 8 barras insertadas de un mínimo de 30, y el reactor estaba en una configuración “claramente fuera de los márgenes de funcionamiento seguro”.

  10. Inicio de la prueba: corte de vapor a la turbina
    La prueba comenzó a la 01:23:05 del 26 de abril.
  11. Formación de vapor → aumento de reactividad
    El coeficiente de vacío positivo disparó la potencia.
  12. El sistema automático intenta controlar la subida
    Solo quedaban 12 barras operativas.
  13. Incremento brusco de potencia
    El reactor entró en retroalimentación positiva.
  14. Se pulsa el AZ‑5 → efecto contrario por el grafito
    La potencia llegó a 33.000 MW, diez veces la nominal.

El reactor entró en una escalada explosiva que destruyó por completo el núcleo. A partir de este punto, las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras, tanto para la central como para la región circundante.

El accidente de Chernóbil dejó dos lecciones que siguen siendo fundamentales en cualquier instalación nuclear moderna. La primera es que un protocolo de seguridad solo es eficaz si se respeta de forma escrupulosa: cada margen, cada límite y cada procedimiento existe porque alguien, antes, ya estudió qué ocurre cuando se ignora. La segunda es que anteponer la producción a la seguridad —aunque parezca una decisión puntual y necesaria— siempre termina generando riesgos que tarde o temprano pasan factura.

La cadena de acontecimientos que llevó a la explosión del reactor nº 4 no fue fruto del azar, sino de una sucesión de decisiones que rompieron sistemáticamente los márgenes de seguridad establecidos. Desde el retraso de la prueba para mantener la producción eléctrica hasta la desactivación de sistemas automáticos y la operación del reactor fuera de sus límites, cada paso fue debilitando la barrera que separa un funcionamiento seguro de un accidente grave.

“Those who prepare for the worst, can only expect the best.” En ingeniería nuclear —y en cualquier disciplina donde la seguridad es crítica— la prudencia no es un freno: es la base de todo lo que funciona.

A partir de aquí, las consecuencias del accidente fueron inmediatas y devastadoras, tanto para la central como para la región circundante.

Esquema del reactor nuclear RBMK con leyenda traducida al español, mostrando núcleo de grafito, barras de control y sistema de turbinado
Esquema del reactor RBMK. Autor: Stefan Riepl (Quark48). Leyenda traducida al español. Licencia Creative Commons CC BY‑SA 2.0 DE. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RBMK.svg Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/de/ (creativecommons.org in Bing)

El papel del turno de noche

Aunque durante años se ha señalado al turno de noche como uno de los responsables directos del accidente, un análisis más detallado de los hechos revela una realidad muy distinta. La prueba estaba planificada para el turno de la mañana, cuyos operadores habían sido instruidos previamente y conocían el protocolo. Sin embargo, una petición inesperada del sistema eléctrico obligó a retrasar la maniobra, dejando el reactor nº 4 durante horas en un régimen de baja potencia que lo volvió inestable y acumuló xenón en exceso. Para intentar mantenerlo operativo, se desactivaron sistemas de seguridad y se retiraron más barras de control de las permitidas, dejando al reactor en una configuración anómala antes incluso de que comenzara el turno nocturno.

Cuando el equipo de noche tomó el relevo, se encontró con un reactor profundamente alterado, fuera de los márgenes seguros y con la orden de ejecutar una prueba para la que no habían sido entrenados. El protocolo había sido explicado al turno de la mañana, no al de la noche, que nunca debió encargarse de la operación. Aun así, actuaron con profesionalidad dentro de las posibilidades que tenían, tomando decisiones en un escenario que ya era, de por sí, una tormenta perfecta.

Tras la explosión, su comportamiento fue ejemplar. Operadores y bomberos actuaron con valentía para intentar contener el desastre y proteger al resto de la central. Muchos de ellos recibieron dosis letales de radiación en cuestión de minutos. Algunos murieron esa misma noche; otros, en las semanas siguientes. Su intervención evitó que el fuego se propagara a los otros reactores y agravara aún más la tragedia.

Conclusión

Lejos de ser responsables del accidente, fueron las primeras víctimas y los primeros héroes de aquella madrugada del 26 de abril de 1986.

La zona afectada por el accidente de Chernóbil

El impacto territorial del accidente no se limitó al entorno inmediato. La zona de exclusión inicial de 30 km se amplió al detectarse áreas con mayor contaminación, especialmente hacia Bielorrusia, debido a la dirección del viento y las condiciones meteorológicas.

La pasividad de las autoridades soviéticas

La URSS tardó casi 24 horas en informar oficialmente del accidente. Fueron los sensores de una central sueca los que detectaron niveles anómalos de radiación y obligaron a Moscú a reconocer lo ocurrido.

En países con reguladores independientes y transparencia obligatoria, la comunicación habría sido inmediata. Por eso la gestión soviética debe entenderse como una excepción histórica, no como un rasgo inherente a la energía nuclear.

Mapa en español de la zona de exclusión de Chernóbil con niveles de radiación en 1996
Mapa de la zona de exclusión de Chernóbil. Autor: Sting (derivado de un mapa en dominio público de la Universidad de Texas en Austin). Sin cambios realizados. Licencia Creative Commons CC BY‑SA 2.5. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Zona_de_exclusión_de_Chernóbil#/media/Archivo:Tchernobyl_radiation_1996-es.svg Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5/ (creativecommons.org in Bing)

La pérdida de capacidades cuando un país abandona la energía nuclear

El debate sobre la energía nuclear suele centrarse en los riesgos, los residuos o el coste de construir nuevas
centrales. Sin embargo, existe un aspecto menos visible y mucho más profundo: la pérdida de capacidades técnicas, industriales y humanas que sufre un país cuando decide abandonar su programa nuclear.

Tras Chernóbil, países como Alemania y Países Bajos redujeron o paralizaron sus programas nucleares. La consecuencia
inmediata fue el cierre de instalaciones, pero el impacto real llegó después: universidades que dejaron de formar ingenieros nucleares, empresas proveedoras que desaparecieron, laboratorios que cerraron y organismos reguladores que perdieron personal experto.

La cultura de seguridad

La operación de un reactor exige décadas de aprendizaje colectivo, protocolos refinados, simulaciones constantes y un cuerpo técnico capaz de anticipar problemas antes de que ocurran. Esa cultura no se improvisa ni se importa: se construye con tiempo, inversión y práctica.

Cuando un país abandona la nuclear, pierde también esa cultura de seguridad. Y reconstruirla implica empezar casi desde cero.

La reserva estratégica de conocimiento y combustible

Incluso en un futuro dominado por renovables y almacenamiento masivo, existe un argumento de peso para no abandonar por completo la energía nuclear: preservar una reserva estratégica de conocimiento y capacidad operativa.

Mantener un número reducido de reactores garantiza que el país conserve ingenieros formados, operadores experimentados, inspectores cualificados y empresas capaces de fabricar componentes críticos.

A ello se suma la reserva estratégica de combustible nuclear, que puede almacenarse durante décadas y ofrecer una capacidad mínima de generación firme sin inversiones constantes.

Conservar capacidades nucleares básicas es una forma de asegurar flexibilidad, resiliencia y autonomía a largo plazo.

Residuos nucleares: qué son y cómo se gestionan

Cuando se habla de energía nuclear, los residuos suelen aparecer como el argumento definitivo para rechazarla. Sin embargo, la realidad técnica es muy distinta de la percepción pública.

La mayor parte de los residuos generados por una central nuclear son de baja o media actividad: ropa, herramientas, filtros o materiales que han estado en contacto con zonas radiactivas. Estos residuos representan casi todo el volumen total y se gestionan mediante técnicas convencionales.

Los residuos de alta actividad

Representan menos del 1% del volumen, pero concentran la mayor parte de la radiactividad. Su gestión sigue tres etapas:

  1. Piscinas de enfriamiento dentro de la central
  2. Contenedores blindados de acero y hormigón (dry cask storage)
  3. Almacenamiento geológico profundo. 

Finlandia, con su repositorio de Onkalo, es el primer país en poner en marcha esta solución, y Suecia le seguirá pronto.

Estos sistemas funcionan mediante procesos pasivos: estabilidad geológica, aislamiento físico y materiales diseñados para durar más que cualquier infraestructura humana.

Por eso, los residuos nucleares son un problema técnico, no un riesgo incontrolable. La dificultad real está en la política y en la percepción pública.

Contenedores de almacenamiento en seco para residuos nucleares de alta actividad transportados sobre plataforma
Contenedores de residuos (dry cask storage) Contenedores de residuos transuránicos del Departamento de Energía de los Estados Unidos. Imagen en dominio público. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Transuranic_waste_casks.jpg

La trayectoria de seguridad de las centrales nucleares españolas

Si hay un aspecto donde España destaca con claridad es en la seguridad de sus centrales nucleares.
Desde su puesta en marcha en los años 70 y 80, las plantas españolas han mantenido un historial impecable, con una cultura de seguridad muy exigente, una supervisión independiente y una adaptación continua a los estándares internacionales más avanzados.

España utiliza la escala INES del OIEA para clasificar sucesos nucleares, que va del nivel 0 (desviación sin importancia para la seguridad) al nivel 7 (accidente grave).

En más de cuatro décadas de operación, las centrales españolas solo han registrado sucesos de nivel 0 y nivel 1, es decir:

  • Nivel 0: desviaciones sin impacto en la seguridad.
  • Nivel 1: anomalías menores sin consecuencias para personas, instalaciones o el medio ambiente.

Nunca se ha producido en España un suceso clasificado como nivel 2 o superior.
Este dato sitúa al parque nuclear español entre los más seguros del mundo.

Tres pilares que explican este historial

  1. Cultura de seguridad muy arraigada
    La seguridad es la base de la operación diaria. Cada procedimiento, revisión y parada programada se ejecuta con un nivel de rigor reconocido por organismos internacionales.
  2. Supervisión independiente del CSN
    El Consejo Seguridad nuclear – CSN realiza inspecciones continuas, auditorías, análisis de eventos y seguimiento de cualquier incidencia, por pequeña que sea.
    Su independencia y capacidad técnica son claves para mantener el nivel de exigencia.
  3. Modernización constante
    Las centrales españolas han incorporado mejoras tecnológicas, sistemas redundantes, actualizaciones post-Fukushima y revisiones periódicas de diseño.
    Aunque algunas instalaciones tengan décadas de operación, su nivel de seguridad es equivalente al de plantas mucho más recientes.

Un historial que habla por sí solo

España no solo ha operado sus centrales con seguridad:
ha construido una trayectoria ejemplar, sin accidentes, sin incidentes relevantes y con un historial sólido y verificable.

En un debate tan emocional como el de la energía nuclear, este dato suele pasar desapercibido, pero es esencial para comprender el contexto real.

Mirando hacia lo que viene

Con esto cerramos la primera parte del recorrido. Hemos desmontado ideas preconcebidas y sentado las bases para entender por qué la energía nuclear genera debates tan intensos.

La trayectoria de seguridad de las centrales nucleares españolas no es una opinión: es un hecho verificable. Décadas de operación, miles de inspecciones, actualizaciones continuas y un historial sin incidentes relevantes conforman una realidad que suele quedar eclipsada por el ruido del debate público.

En la Parte 2 veremos cómo estas instalaciones, además de operar con un historial impecable, han ido incorporando mejoras tecnológicas y actualizaciones de diseño que las mantienen alineadas con los estándares internacionales más avanzados. Y, sobre todo, analizaremos:

  • ¿Qué peso tiene hoy la energía nuclear en el mix español?
  • ¿Cómo es la curva de generación nuclear?
  • Si España eliminara la nuclear, ¿con qué habría que sustituirla?
  • ¿Cómo afectaría la ausencia de nuclear a los precios de la luz?

Nos vemos en la PARTE 2, donde el debate deja de ser abstracto y empieza a tomar forma en datos, curvas y decisiones reales.

Central nuclear moderna representada mediante ilustración digital. Imagen original creada para este artículo

Si te ha gustado esta PARTE 1 y quieres recibir la PARTE 2 y 3 en cuanto se publiquen, tienes dos opciones:

  • Seguir a MejorPlanLuz en Facebook
  • Suscribirte a la web para recibirlas directamente en tu correo

Recibe mis próximos artículos en tu correo.

Solo contenido útil, didáctico y relevante, sin spam.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.